Hay de esos días

Imagen
@itsLaiaWeasley

La vida se compone de todo. De lo bueno, de lo malo, de lo feo, de lo lindo, de la fácil, de lo difícil… en fin, es un día a día como en melodía. Hay de esos días en los que planificas algo y sale otra cosa. O incluso nada. Hay de esos días en los que las cosas van bien y de repente sale todo lo contrario. ¿Pero, si las cosas no salen como uno las quiere; vale la pena sentirse mal al final y culparse por los resultados? Una respuesta difícil si. Lo se. Incluso a mi me pasa. A todos creo yo. Pero he ahí el mejor motivo y momento para decirnos “bueno hoy no ha sido, sigamos”, y darle valor al dicho, cita… que dice algo así “si la vida te da mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y un razones para sonreír”

Bueno quiero terminar diciéndoles que hoy no ha sido mi día. Fue uno de esos. Pero a la final me viene la reflexión que leí apenas ayer: “todo suma”. Y lo poco o no productivo que haya conseguido hoy, pues simplemente suma.

Sigamos viviendo y caminemos felices.

Corazón para motivar

Un hacendado coleccionaba caballos y solo le faltaba un ejemplar de una determinada raza. Un día se enteró de que su vecino tenía tal ejemplar y trató. día tras día, de persuadir a su vecino para que se lo vendiera. Cuando pudo hacerse al animal, un mes después el caballo enfermo y hubo necesidad de llamar al veterinario quien diagnosticó:

– Su caballo está con un virus y es necesario administrarle este medicamento por tres días consecutivos; luego de los tres días veremos si ha mejorado. Si no lo ha hecho entonces, no quedará más remedio que sacrificarlo.

En ese mismo momento el cerdo escuchaba la conversación de los dos hombres. Al siguiente día le dieron el medicamento al caballo y, cuando se fueron, el cerdo se acercó al corcel y le dijo:

-¡Fuerza amigo! Levántate de ahí, si no, vas a ser sacrificado.

Al segundo día le dieron nuevamente el medicamento y, cuando se fueron, el cerdo se acercó y le dijo:

-¡Vamos mi gran amigo! Levántate, si no, vas a morir, vamos ¡yo te ayudo!

Al tercer día le dieron el medicamento y el veterinario dijo:

-Probablemente vamos a tener que sacrificarlo mañana porque puede contagiarles el virus a los demás caballos.

Cuando se fueron el cerdo se acercó de nuevo y le dijo:

-¡Vamos amigo, es ahora y nunca! Ánimo… fuerza… Yo te ayudo… Vamos… un, dos, tres… despacio… ya casi… eso… ahora corre despacio… más rápido… fantástico… corre… corre… ¡Venciste campeón!…

En ese momento llega el dueño del caballo, le ve corriendo y dice:

-¡Milagro! ¡El caballo mejoró… hay que hacer una fiesta!… ¡Vamos a matar al cerdo para festejarlo!

¿Cuantas veces en las empresas no se valora el esfuerzo de muchas personas cuyo apoyo pasa inadvertido y a veces son sacrificadas?

¿Hoy en día el triunfo es de uno solo, o es el resultado del trabajo de un equipo?

Tomado de: la culpa es de la vaca.

LA SIEMBRA

Luis Armando Zarruk

De la misma manera que, como ahora, estoy escribiendo esta antología de lecciones de vida, hace algunos años tomé la decisión de hacer un cancionero (hasta hoy el más completa que se haya editado) de la música andina colombiana. Tomé la tarea con tanta paciencia como era necesaria para una perspectiva a largo plazo, porque desde un comienzo sabía las dimensiones del reto que tenía por delante. Fue una labor de resistencia y persistencia. Durante varios años realicé investigaciones y búsquedas acerca del tema, cuidando bien de rodearme de todo tipo de fuentes, entre ellas, las más importantes personalidades de nuestro folclor.

Poco a poco fui completando la obra y al fin, cuando consideré que estaba listo el dichoso cancionero, empecé a buscar patrocinador para la edición de la obra; acudí a la empresa privada, a las personas amantes de la música y a las instituciones relacionadas con la cultura de nuestro país. En varias ocasiones estuve a punto de realizar este sueño, pero siempre algún motivo se atravesaba e impedía la anhelada publicación. Esto hacia que me preguntara si estos obstáculos eran los designios de los dioses o el cumplimiento de las leyes de la vida. Y fue así como comprendí que los tiempos entre la siembra y la cosecha son sagrados y nadie los puede violentar.

Saber esperar, sin renunciar, me permitió hacer realidad aquel sueño que por quince años estuvo a punto de volverse pesadilla. La publicación del libro se realizó finalmente en una fina edición y en el marco de un hermoso concierto de música colombiana, engalanado con la presencia de los maestros Jaime Llano González y Jorge Villamil.